Un modo cautivante de contar una historia más acorde a un trillado estereotipo de la psicología popular. Sin que esto fuese en detrimento de la película, quisiera desmenuzar algunos conceptos que el filme hizo resonar en mí. Las primeras preguntas que me asaltaron, sesgadas, emocionales, fueron: ¿quién gana y quien pierde? ¿morir es perder? ¿morir así, liberada, es perder o ganar? Caramba… estoy viendo el asunto en términos de perder y ganar... en blanco y negro… Si finalmente todos moriremos, ¿por qué no morir dignamente? ¿Hacerlo es ganar? Aunque no se haya sabido cómo vivir, se sabe, por los últimos momentos de la vida, como morir… pero en la película, esto no se hace a conciencia, sino que la propia condición psiquiátrica de la protagonista -obsesiva, paranoide y victima de alucinaciones y autoflagelaciones inconscientes- es la que la salva… ¿la salva? ¿La redención por la muerte o la redención por el amor? El amor parece difuso en esta historia. Un amor propio que oficia de coraza, un amor por la belleza, que puede inspirar u obsesionar. El ejemplo para hacer el paralelismo entre el personaje y la vida es brillante: la "reina cisne" y "el cisne negro". martes, 29 de marzo de 2011
El "perfecto" Cisne Negro
Un modo cautivante de contar una historia más acorde a un trillado estereotipo de la psicología popular. Sin que esto fuese en detrimento de la película, quisiera desmenuzar algunos conceptos que el filme hizo resonar en mí. Las primeras preguntas que me asaltaron, sesgadas, emocionales, fueron: ¿quién gana y quien pierde? ¿morir es perder? ¿morir así, liberada, es perder o ganar? Caramba… estoy viendo el asunto en términos de perder y ganar... en blanco y negro… Si finalmente todos moriremos, ¿por qué no morir dignamente? ¿Hacerlo es ganar? Aunque no se haya sabido cómo vivir, se sabe, por los últimos momentos de la vida, como morir… pero en la película, esto no se hace a conciencia, sino que la propia condición psiquiátrica de la protagonista -obsesiva, paranoide y victima de alucinaciones y autoflagelaciones inconscientes- es la que la salva… ¿la salva? ¿La redención por la muerte o la redención por el amor? El amor parece difuso en esta historia. Un amor propio que oficia de coraza, un amor por la belleza, que puede inspirar u obsesionar. El ejemplo para hacer el paralelismo entre el personaje y la vida es brillante: la "reina cisne" y "el cisne negro". miércoles, 8 de julio de 2009
Seamos sinceros... (Confianza - II)
- la confianza se construye en forma mutua y para que yo construya
"confianza" con un otro, aquel y yo debemos compartir responsabilidades: el otro de facilitarme, en las sucesivas interacciones que harán a nuestra relación, esa construcción; yo de construir esa confianza desprendiéndome de mis prejuicios, para dejar sujeto mi confiar a las interacciones concretas entre el otro y yo (y no a supuestos infundados) - interactuar desde roles sociales nos trae a la mano ideas preconcebidas que hay que observar en el proceso de construcción de confianza dada su influencia, porque la ansiedad por falta de información suele mermar según la autoridad que el rol ajeno represente
- soy libre, en todo caso, de desconfiar, si me siento amenazado o traicionado, para poder preservarme, conservando mi libertad
- desconfiar es lícito y aceptable cuando el otro no nos provee terreno fértil para sembrar una relación de confianza
- podemos hablar de distintos grados de confianza una vez que nos abocamos a construirla, es decir, una vez abandonado el lugar de la desconfianza
- la confianza propiamente dicha es la plena confianza, porque permite fluir sin interrupciones o ruidos en las interacciones con los demás
- la recurrencia suele favorecer la construccion de relaciones de confianza y lo contrario puede suceder cuando dos personas saben (creen) que solo interactuarán por única vez
- podemos recurrir a salvaguardas para relacionarnos con otros y si bien esto no es desconfianza absoluta tampoco se trata de confianza plena
- en una relación de confianza (plena), la potencia de acción de todos los involucrados aumenta, generando un ánimo compartido de apertura y entusiasmo
- la confianza es nuestro desafío como personas pensantes, responsables y libres, porque tenemos la capacidad de elegir cuando y en quien confiar.
Sigamos ahora ahondando en la confianza dese las perspectivas expuestas y agregando incluso otras...
Confianza y promesas sinceras
La cuestión principal que expondremos aquí hace a nuestra manera de vivir como seres humanos, por lo tanto tiene implicaciones morales.
Cuando desconfiamos lo hacemos, como hemos visto, por dos motivos principales:
a- porque en una o más interacciones con un otro, nos hemos sentido perjudicados, es decir, que se nos ha traicionado, defraudado, molestado, amenazado o dañado. Atribuimos intencionalidad negativa al otro.
b- porque mis prejuicios sobre el otro no me han permitido una apertura genuina a su propuesta, a su presencia, a su entrega. En este caso no estamos pudiedo evaluar que este otro pudo haber dado señales claras (invisibles ante la fuerza de nuestros prejuicios) para que podamos confiar.
Lo segundo demanda un trabajo personal: salirse de prejuicios es luchar contra respuestas automáticas y a menudo apresuradas ante las inquietudes que la presencia y accions del otro nos producen, sumadas a las que ya acarreamos con nosotros por sinnúmero de otros factores.
Lo primero significa que el otro ha roto alguna promesa y esto es lo que necesitaremos explorar con mayor profundidad.
Para empezar, cuando hablamos de promesas, nos estamos refiriendo a un concepto, un término que implica ya una interacción: alguien hace un PEDIDO/OFERTA y otro la ACEPTA o la RECHAZA.
Si hubo rechazo podemos hablar de que "no hay promesa constituída" tanto como que "hay una promesa de 'no hacer' lo pedido u ofrecido". En ambos casos cualquier reclamo resultaría inválido.
Si yo he hecho un pedido y el otro ha aceptado cumplirlo, ¡aquí tenemos una promesa!. La sinceridad del que acepta cumplir con mi pedido es fundamental y es lo que está en juego como parte crucial en el proceso de construcción de la confianza.
La vía inversa acerca de la sinceridad que se pone "en juego" es también válida. En el primer caso, pedir algo que no necesito no es sincero y, si bien el otro podrá cumplir con lo pedido, si se anoticia de que no era necesario, el hecho no ayudará a cimentar una buena relación: lo comprometí a que se preocupara (y ocupara) de un tema sin sentido.
En el segundo caso podrá preverse algo similar: si mi oferta es aceptada "para nada"... probablemente no querré ofrecer(me) nuevamente si descubro que lo hecho no ha servido o no ha interesado realmente al otro.
Como podemos ver, en estos casos la sinceridad se ha visto involucrada y esto nos indica que la SINCERIDAD hace a una cuestión de base en la confianza. Difícil, si no imposile, es confiar en alguien que "no es sincero" para alguien que se precie de sensato. Si no participamos de una interacción con actitudes sinceras, alguien posiblemente se estará escudando tras una máscara y sentiremos que se "nos usa" o se "nos manipula" y que esto no conribuye a potenciar las acciones que podrían lorarse colaborando en equipo. Se estará prestando atención y controlando las tareas y su modo de hacerla, se estará intentando generar garantías de cumplimiento, se estará con un ánimo ansioso generado por la duda, pero no se estará haciendo foco en las accions que son necesarias para hacernos caro de la cuestión que necesitamos.
En definitiva, si no confiamos en nuestros semejantes, nos estaremos dedicando a diversificar nuestro esfuerzo en cosas que resultarán del todo innecesarias. Por eso resulta necesario hacer propio el confiar, especialmente en aquellos que pueden sumar sus fuerzas y entrega en la coordinación de acciones como equipo y estar predispuestos a abrirnos y hacer un lugar de bienvenida.

miércoles, 1 de julio de 2009
Y... si no me tienen fe (Confianza - I)
Ser y confiarSer o no ser era la cuestión, antes... Ahora se trata de confiar o no confiar.
Confiar para ser. Pero no ser simplemente un ente existente. Ser requiere confiar porque somos con otros, constantemente, desde que abrimos los ojos al mundo y lo vemos, y este nos mira.
Pero no “somos” con cualquier otro o, si lo somos, a medida que crecemos, si somos cuidados en su compañía ese otro, tan extraño como el mundo, se vuelve parte de uno. En rigor, lo que permanece extraño es el mundo, y aquel “otro”, que tanta atención nos procura es usualmente “otra” (la madre). Con ella conformamos desde el comienzo algo inseparable y cuando pasa a ser “un otro”, difícilmente, a pesar de posibles ambivalencias, no se trate de alguien amigable...
Entonces, con el tiempo (y el desarrollo del niño) se desarrolla la conciencia y la madre pasa a ser realmente "un otro", pero difícilmente alguien extraño.
Mucha literatura psicológica hay acerca de esta evolución conjunta del ser y la confianza implícita entre madre-hijo/a.
Mucha literatura habla, también, con cierta intención moralizadora, del "otro" del mismo modo en que me referí a él al comienzo de este artículo, es decir, “el otro”, de manera genérica
para referir a aquel otro que no nos es cercano. Aquí es donde aparece el desafío nietzscheano de “amar al mas lejano, no al próximo” en uno de sus arrebatos anti-critianos. Fácil
es hacer lo segundo. Para hacer lo primero, necesitamos confiar...
Confianza en "el otro"
La cuestión que queremos abordar aquí es un aspecto de la confianza, cuando no se da simplemente por circunstancias biológico-evolutivas, sino como elección de vida, como un hábito en el vivir.La confianza sintetiza un tanto la complejidad humana, como una interacción de tres dominios con características únicas: el corporal, el emocional y el lingüístico en tanto se siente y también se expresa como un juicio. En definitiva, juicio u opinión y emoción van juntos, ninguno de los dominios puede pensarse aisladamente.
Es entonces cuando sentir confianza hace a una opinión del tipo "yo confío en Fulano" o "Sultano es confiable" y frases como esas. Estas palabras mentales, silenciosas pero poderosas y rectoras retroalimentan el sentimiento de confianza y así la vivenciamos, en el cuerpo y en la “mente” que piensa y siente.
Confianza pude traducirse también como "decir sí". ¿A qué o a quién? A la posibilidad de acercarse al otro y de permitir que el otro se acerque... pero también trasciende a un primer acercamiento si la confianza preliminar se desarrolla, si se le da lugar a cimentarse, en las vivencias compartidas.
¿Como se desarrolla esta confianza entre dos extraños? Con interacciones. Cada acto de confianza es una apuesta donde, si se gana, probablemente se siga jugando, porque se lo necesita y ese "otro" (antes) abstracto, es alguien que lejos de ser genérico es concreto, viviente y cercano. La ambigüedad puede aparecer, igual que la duda, pero la cercanía y la costumbre, la historia de apuestas ganadas desde que se "tiene uso de razón" puede más y uno confía ante (y a pesar de) ciertas interrupciones y vuelve a confiar, a menos que haya demasiada susceptibilidad, lo que me hace dudar de que haya habido real confianza... La gravedad de los asuntos que atentan contra la confianza puede ser un gran alimento de la susceptibilidad humana.
Volviendo a la etapa de la niñez, el juego irónico de Nietzsche cobra valor cuando se traspasa el ámbito de la costumbre paulativamente, durante el desarrollo y la socialización del humano, entre allegados y atisbando fragmentos de un mundo externo es cuando se comienza a entrar en la paradoja de la confianza a voluntad, no una confianza de hecho sino por elección:
elijo confiar, en el compañero de trabajo, en el jefe o el subordinado, en el vecino, el conductor que está adelante, en el vendedor, el medico, el abogado o el juez, en el político, o en los desconocidos que, por miles, comparten la calle y los medios de transporte, los teatros, cines, restaurantes o templos. Sobre estos últimos acaso es mas difícil confiar. ¿Por qué?
Porque ni siquiera tenemos un trazo de información sobre sus vidas, gustos, preferencias, costumbres, marcos éticos, capacidad de comprensión, de empatía, solidaridad, amorosidad...
Nada conocemos del otro. Tenemos tantas razones desde “esa mismísima nada” para confiar como para no hacerlo. Si desconfiamos, elegimos la opción mas segura.
Cuando nos relacionamos con un extraño “desde su profesión o un juego de roles” la ansiedad suele mermar (¡a menos que se trate de un abogado, un vendedor o un dentista!). Algo de ellos creemos saber... algo construimos y eso es suficiente para, en muchos casos, abrir nuestras orejas y prestar atención (a la palabra “autorizada”) y, eventualmente, “confiar” y entregarnos a sus manos. La autoridad del "que sabe" suele ser un gran generador de confianza y la historia muchas veces lo ha demostrado... aunque ese saber sea atribuído por los "que no saben". También el sistema educativo tradicional se basa en esta asimetría y, muchas veces "pavimenta" la espontaneidad y creatividad de los "educandos", pero esto es otro tema.
Volviendo a la construcción de la confianza, puede suceder que la interacción entre dos extraños ocurra una única vez o que se forme algún tipo de vínculo construido sobre interacciones reiteradas. Las encrucijadas y decisiones, según sea el caso, serán muy distintas. La transacción única puede o no forjar algún lazo de confianza. Esta quizás sea la mínima indispensable sujeta solo a esa interacción pero no requerirá mucho más. Podemos hablar quizás en estos casos, de “prudencia”, especialmente si contamos o convenimos algún tipo de salvaguarda o protección. Siendo prudentes, en el sentido de ser precavido o cuidadoso, tratamos de obtener garantías "por las dudas... " y es que si tengo dudas no confío plenamente en el otro. Esto, a mi juicio, no es confianza genuina, es decir, la "confianza propiamente dicha".
viernes, 15 de mayo de 2009
Ser... agresivo
El SER es una gran esfera que abarca todo lo que 'es' (dijo mi abuelo lejano, y aún me cuesta creerle)... Esa esfera, sin dejar de ser una imagen poderosa, me hace pensar que fuera de ella está la mismísima "nada", siempre despreciable, siempre despreciada.
Si en una cuestión crucial como esta necesitamos pensar en opuestos para vislumbrar algo (algo que "es" versus lo que "no es"), ¿podríamos pretender, en nuestro afán de ser, derribar estos opuestos sin destruir a nuestros oponentes, en el mundo, en la vida, codo a codo con los otros?
¿Cuánta agresividad preciso para afianzarme, para identificarme a mi mismo sin (con)fundirme en lo que "no soy yo"? ¿Cómo ejercer esa agresividad sin llegar a la aniquilación, al "no ser del otro ni de mi mismo"? ¿Cuánta necesidad de YO tengo, para ser YO?
¿Existe otra manera de afianzarme (dice el YO) sin confrontar a "lo otro" o, confrontando sin llegar a la aniquilación del otro? ¿Puedo distinguirme para percibirme, para sentir que SOY, sin oponerme a lo que "no soy" (a quienes no soy) de modo irrevocable, necesitando inevitablemente ser artífice y responsable de la desaparición de mi oponente? ¿Existe algún otro modo de diferenciarse que no sea por oposición? Porque el peligro reside en la oposición desmedida y la desmesura en el modo en que nos oponemos a lo otro.
En definitiva, la cuestión pasa a ser la siguiente: ¿cuánto necesito odiar, para amar sin temer? Si temo no amo y a su vez, si nos oponemos somos dos y esto último es necesario para que yo sea yo, y el otro, otro. Una vez mas: identificación. Cuanto mas distinto, mas fácil que cada cual sea quien es: no importa quien es quien, sino que no nos confundamos, que no se trate de una misma cosa... Pero... ¿quién precisa identificarse?. Aquel que se percibe como existente, es decir, alguien existente, y conciente (pienso, ergo... soy).
miércoles, 17 de diciembre de 2008
Amor de todo tipo, amor a cualquier precio, amor inapreciable, amor de precipicio.
¿Que es el amor? Amor es... una palabra. Pero no cualquier palabra. Es una palabra llena, repleta, que rebalsa de significación y, como todo lo que está lleno, está vacío. Pero... ¿cómo es esto? Pensemos el amor, para ver que sabemos...- Mi amor hacia mi = Eros = Concupiscencia = TOMAR
- Mi amor hacia otro = Agape = Benevolencia = DAR
Dos aspectos complementarios y contundentes del AMOR. Puede ser controvertido circunscribir el amor erótico a uno mismo, cuando tradicionalmente se asocia al amor romántico, aquel donde uno sufre por amor y se alegra al poder darlo al ser amado: el eterno guión de las predecibles novelas...
Pero tras este disfraz el sufrimiento suele ser por el amor no correspondido, no satisfecho, donde el deseo propio no se ve colmado y donde el objeto de deseo no deja de ser, de algún modo, un objeto destinado, según criterios (o caprichos) propios, a la satisfacción de uno mismo, incluso en el momento en que uno "da amor". Por eso sucede que cuado tal amor se ve impedido por circunstancias fortuitas o debido al peso de una tradición sociocultural, o tiene lugar pero "nunca alcanza", debido a que el criterio (o capricho) de quien se ve impulsado por su deseo erótico prima por sobre la persona elegida, ese amor es un amor de sí mismo, un amor del "tomar" mas que un amor de absoluta entrega, es decir, un amor del "dar".
Compte-Sponville agrega algo más: no puede existir solamente el amor del "dar". Si hay intención, si hay propósito, si hay impulso o movimiento para dar, implícito está el tomar en el recibir, porque aquello que resulta de nuestro impulso se fusiona con su naturaleza y ese amor del tomar es "mi amor por mi"...
Tomemos el ejemplo de Jesucristo. Si llevamos el caso al extremo la crucifixión tuvo una intención, tuvo un propósito porque siempre que nos encontremos en contextos humanos existirán propósitos, atribuídos, producto de especulaciones o inventos, reales o ficticios, coincidentes o no. ¿El propósito de morir en la cruz ha sido aquel que nos relatan los evangelios? ¿Se trataba de hacer trascender un mensaje de amor universal, de mostrarse como ejemplo a seguir, de mostrar que "el camino" amoroso requiere la aniquilación del ego y la entrega absoluta para salvar a la humanidad? Todo esto son nuestras interpretaciones, nunca podremos conocer el mas íntimo sentir y pensar de Cristo al entregarse a la cruz aunque sí podemos atribuirle una intención, un sentido, un propósito en que el dar implica el tomar porque ese tomar le confiere sentido y procuramos hacer todo lo que hacemos con sentido.
El amor. Se trata entonces de un equilibrio entre el TOMAR y el DAR. Contrastes. Dualidades. Parece estar siempre presente la dialéctica de lo propio y lo ajeno, del YO y del OTRO, y el papel que jugamos uno y otro en una dinámica tan vital y útil como pesada y, acaso, necesaria.
El amor en un único aspecto es solo un intento vano, una ilusión degradada del amor...
Y aquí nos hallamos pensando al amor. Pensar el amor es categorizarlo, clasificarlo, y esto sirve para entenderlo, es decir, para entendernos.
martes, 16 de diciembre de 2008
Acerca de la tecnología en la creación musical

Recuerdo cuando de niño, época en que las microcomputadoras estaban expandiéndose, a pesar de las limitaciones que uno puede ver en aquellos equipos retrospectivamente, mi madre me llevo a escuchar a un violonchelista que “era acompañado” por una computadora. Claro… fue una música extraña para mí. Y para unos cuantos, puesto que la característica de la obra distaba mucho de la música bimodal tonal a la que estamos acostumbrados…
Durante mis estudios de música, cuando conocí algunas aplicaciones de la computadora a esa disciplina, se usaba para principalmente para explorar mas allá de lo usual, por ejemplo, la música aleatoria, cuyo antecedente directo podríamos encontrar en la música dodecafónica o serial de Schoemberg: si se trata de seleccionar una serie de doce sonidos no repetidos, de la escala cromática, y luego elaborar la obra a partir de ella. Si un humano puede hacer tal tarea, una computadora también podría… Por otro lado, la música concreta, usada principalmente en cinematográfica, era posible gracias al registro en cintas magnetofónicas…

Mucho ha cambiado desde entonces. Hemos arribado a tiempos en que prácticamente para cualquiera de las aplicaciones previas hasta el punto de preguntarnos si la misma computadora puede, acaso, realizar creaciones musicales.
Hoy se usa la computadora tanto como herramienta en la composición, mediante programas que permiten la generación de partituras en base a los sonidos ejecutados. También se usa para el registro musical usando programas que la convierten en un grabador digital multipistas, que permite grabar y sobre grabar para agregar complejidad a la obra creada. Luego se procede a hacer edición y postproducción… siempre manipulando datos, no ya sonidos…
Otra aplicación es la de la PC como “músico acompañante” en ejecuciones en vivo, en que usando plaquetas de música sintetizadoras de sonidos o conexiones a dispositivos externos se reproducen las llamadas “secuencias”, que no son otra cosa que “pedazos de música pregrabadas”, generando las llamadas “pistas” o “soundtraks” que un músico puede usar de base para sonar como una orquesta, solamente él, con su teclado, su guitarra o su voz…
Para poder sonar como una orquesta, los sonidos de instrumentos acústicos o de percusión sintetizados, para que sean de calidad, usan una técnica de muestro o “samples” que permite componer un sonido a través de pequeñas grabaciones del sonido instrumental. Como la frecuencia, que determina la altura del sonido, puede parecer poco realista si la muestra que se toma es única, se procura componer el sonido con muestras de distintas notas en partes del registro característico del instrumento: el resto es “inferido” por la computadora que toma y ejecuta la muestra a medida que se ejecutan las escalas musicales…Otros modos que usualmente se emplean para generar sonidos extraños (no imitaciones de instrumentos acústicos) son los distintos tipos de síntesis, para lo cual se usa el sintetizador (o una computadora con un programa que la convierte en tal cosa). La síntesis aditiva suele partir de la agregación de ondas sinusoidales (las ondas más simples) u otras como “diente de sierra” o “cuadrada”. Esta ultima se caracteriza por tener armónicos impares y se usa típicamente para emular a un clarinete.
Por otro lado, existe la adición sustractiva, que a determinado sonido, generalmente “sampleado” se le aplican filtros para “sustraer” armónicos y así generar sonidos nuevos. Podríamos resumir estas cuestiones diciendo que la clave del tratamiento del sonido esta en la digitalización del mismo y/o su posterior proceso, también digital. La reducción de lo musical a la construcción del sonido puede derivar en la exploración de intervalos musicales a los que no acostumbramos, como los mas pequeños que el semitono.Ahora bien, si nos acercamos al campo de la creatividad, hay programas que generan acompañamientos según distintos ritmos usando “clichés” que la computadora propone y que luego uno puede modificar… Es interesante como se puede generar música “más convencional” y no tan científica pensando una melodía y dejando todo el resto al programa que “crea el acompañamiento”.
Esto se asemeja a un acercamiento de la computadora al mundo musical humano bimodal tonal, donde mediante algoritmos y patrones se pueden generar acompañamientos con cierta complejidad. Antes, con el serialismo, los modos de composición atonal venían al dedillo a algoritmos de generación de sonidos al azar con la única restricción de no repetir notas en la serie.Lo que podemos afirmar es que por más acompañamientos generados por computador que nos suenen lindos o melodías creadas “por azar” (y sin usar el azar como técnica implementada en un algoritmo) lo que hace a la sensibilidad y la emoción que tanto influye en la creación musical nunca podrá ser equiparada por mas que algunos filósofos de la mente, cibernéticos e investigadores de la Inteligencia Artificial nos dejen el interrogante: si el circuito de entrada, procesamiento y salida retroalimentada genera algo equiparable a lo que podríamos llamar “aprendizaje”… si lo que percibimos en la salida es música, ¿no estamos también hablando de creatividad musical o es preciso involucrar la emoción en ello?
