martes, 16 de diciembre de 2008

Acerca de la tecnología en la creación musical


Estamos en la era tecnológica, donde la electrónica de la mano de los microchips inunda cuanto pueda realizarse. Es así como la tecnología puede aplicarse a tantas cosas que la música no queda exenta. La pregunta que nos surge es: ¿hasta donde puede llegar a penetrar la tecnología? ¿Puede acaso abarcar el “ámbito de la creatividad” o quedará supeditada a ser solo una simple, aunque valiosa y a veces compleja, herramienta?
Recuerdo cuando de niño, época en que las microcomputadoras estaban expandiéndose, a pesar de las limitaciones que uno puede ver en aquellos equipos retrospectivamente, mi madre me llevo a escuchar a un violonchelista que “era acompañado” por una computadora. Claro… fue una música extraña para mí. Y para unos cuantos, puesto que la característica de la obra distaba mucho de la música bimodal tonal a la que estamos acostumbrados…
Durante mis estudios de música, cuando conocí algunas aplicaciones de la computadora a esa disciplina, se usaba para principalmente para explorar mas allá de lo usual, por ejemplo, la música aleatoria, cuyo antecedente directo podríamos encontrar en la música dodecafónica o serial de Schoemberg: si se trata de seleccionar una serie de doce sonidos no repetidos, de la escala cromática, y luego elaborar la obra a partir de ella. Si un humano puede hacer tal tarea, una computadora también podría… Por otro lado, la música concreta, usada principalmente en cinematográfica, era posible gracias al registro en cintas magnetofónicas…
Mucho ha cambiado desde entonces. Hemos arribado a tiempos en que prácticamente para cualquiera de las aplicaciones previas hasta el punto de preguntarnos si la misma computadora puede, acaso, realizar creaciones musicales.
Hoy se usa la computadora tanto como herramienta en la composición, mediante programas que permiten la generación de partituras en base a los sonidos ejecutados. También se usa para el registro musical usando programas que la convierten en un grabador digital multipistas, que permite grabar y sobre grabar para agregar complejidad a la obra creada. Luego se procede a hacer edición y postproducción… siempre manipulando datos, no ya sonidos…
Otra aplicación es la de la PC como “músico acompañante” en ejecuciones en vivo, en que usando plaquetas de música sintetizadoras de sonidos o conexiones a dispositivos externos se reproducen las llamadas “secuencias”, que no son otra cosa que “pedazos de música pregrabadas”, generando las llamadas “pistas” o “soundtraks” que un músico puede usar de base para sonar como una orquesta, solamente él, con su teclado, su guitarra o su voz…
Para poder sonar como una orquesta, los sonidos de instrumentos acústicos o de percusión sintetizados, para que sean de calidad, usan una técnica de muestro o “samples” que permite componer un sonido a través de pequeñas grabaciones del sonido instrumental. Como la frecuencia, que determina la altura del sonido, puede parecer poco realista si la muestra que se toma es única, se procura componer el sonido con muestras de distintas notas en partes del registro característico del instrumento: el resto es “inferido” por la computadora que toma y ejecuta la muestra a medida que se ejecutan las escalas musicales…Otros modos que usualmente se emplean para generar sonidos extraños (no imitaciones de instrumentos acústicos) son los distintos tipos de síntesis, para lo cual se usa el sintetizador (o una computadora con un programa que la convierte en tal cosa). La síntesis aditiva suele partir de la agregación de ondas sinusoidales (las ondas más simples) u otras como “diente de sierra” o “cuadrada”. Esta ultima se caracteriza por tener armónicos impares y se usa típicamente para emular a un clarinete.

Por otro lado, existe la adición sustractiva, que a determinado sonido, generalmente “sampleado” se le aplican filtros para “sustraer” armónicos y así generar sonidos nuevos. Podríamos resumir estas cuestiones diciendo que la clave del tratamiento del sonido esta en la digitalización del mismo y/o su posterior proceso, también digital. La reducción de lo musical a la construcción del sonido puede derivar en la exploración de intervalos musicales a los que no acostumbramos, como los mas pequeños que el semitono.
Ahora bien, si nos acercamos al campo de la creatividad, hay programas que generan acompañamientos según distintos ritmos usando “clichés” que la computadora propone y que luego uno puede modificar… Es interesante como se puede generar música “más convencional” y no tan científica pensando una melodía y dejando todo el resto al programa que “crea el acompañamiento”.
Esto se asemeja a un acercamiento de la computadora al mundo musical humano bimodal tonal, donde mediante algoritmos y patrones se pueden generar acompañamientos con cierta complejidad. Antes, con el serialismo, los modos de composición atonal venían al dedillo a algoritmos de generación de sonidos al azar con la única restricción de no repetir notas en la serie.Lo que podemos afirmar es que por más acompañamientos generados por computador que nos suenen lindos o melodías creadas “por azar” (y sin usar el azar como técnica implementada en un algoritmo) lo que hace a la sensibilidad y la emoción que tanto influye en la creación musical nunca podrá ser equiparada por mas que algunos filósofos de la mente, cibernéticos e investigadores de la Inteligencia Artificial nos dejen el interrogante: si el circuito de entrada, procesamiento y salida retroalimentada genera algo equiparable a lo que podríamos llamar “aprendizaje”… si lo que percibimos en la salida es música, ¿no estamos también hablando de creatividad musical o es preciso involucrar la emoción en ello?

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